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Los
diferentes momentos en la historia de la Escuela de Microbiología han
estado marcados por el propósito de dar respuesta a las necesidades del
entorno, a los desarrollos académicos y a la defensa permanente de los
postulados de nuestra profesión.
El
29 de enero de 1958, según acta número 1214 del Consejo directivo de la
Facultad de Medicina, se crea dependiente de esta misma unidad
académica, la Escuela de Técnicas de Laboratorio.
En
el año 1963 la Escuela obtiene su autonomía administrativa y recibe la
denominación de Escuela de Bacteriología y Laboratorio Clínico, que
conservó hasta el 25 de enero de 2007, fecha en la que según Acuerdo
Académico cambia su nombre por el de Escuela de Microbiología.
Técnico,
Tecnólogo Médico, Licenciado en Bacteriología y Laboratorio Clínico y
Bacteriólogo y Laboratorista Clínico fueron los nombres que
marcaron una historia de casi medio siglo, desde la fundación del
programa en 1958 hasta el año 2001, que como producto de la renovación
curricular el programa cambio su nombre por el de Microbiología y
Bioanalisis y dio origen a un nuevo programa orientado a abordar los
nuevos retos del uso de los procesos de los microorganismos puestos al
servicio de la industria, la producción limpia y la protección
ambiental en general, con miras a generar nuevo conocimiento.
La
expansión de los campos de acción y de las posibilidades del objeto de
estudio del Microbiólogo y Bioanalista y del Microbiólogo Industrial y
Ambiental, no solo esta ligada al desarrollo del conocimiento en las
ciencias y disciplinas básicas, sino que también adquiere su
independencia y autonomía en la forma en que dicho conocimiento se
aplica de vuelta a la misma ciencia y también a la comunidad.
De
acuerdo con lo anterior, la Escuela de Microbiología se dispone a
celebrar los 50 años de su creación el 29 de enero de 2008 y
consideramos que es el momento oportuno para dejar testimonio de
cuanto se ha realizado, por tantas personas que han vivido el sueño de
crear y desarrollar nuestra unidad académica y nos permite mirar
con sabiduría la historia, y reconocer en ella, aquello que es
perdurable y que debe conservarse con esmero; pero al mismo tiempo es
la oportunidad de ver más allá.
Desde
esta mirada se descubren hitos que han jugado un rol clave en ese
desarrollo, y por lo mismo están llamados a constituirse en los ejes de
la historia institucional.
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